Cómo controlar el enojo antes de que él me controle a mí.

El fin de semana pasado me di cuenta de que lo que antes me daba gusto, risa o placer que hicieran mis amigos y seres queridos, ahora me produce enojo, ira o coraje. Y eso no es todo, hay días que literalmente desde que me levanto ya me siento enojada y con ganas de buscar pelea y no sé por qué, pues, normalmente yo no soy así. Es por esto que me pregunté, ¿cómo controlar el enojo antes de que él me controle a mí?

Me explico mejor, normalmente soy una persona que sabe ser asertiva y decir lo que me disgusta en el tono adecuado, el momento adecuado y con la persona adecuada, cada vez que alguna acción de otra persona me molesta o lastima. Sin embargo, en estas últimas semanas me di cuenta que, cada día soy más intolerante, que lo que antes me agradaba ahora puede molestarme o enojarme, incluso, que puedo sentir ira por cosas que ni siquiera me hacen a mí.

Y tratando de buscar solución a lo que me pasaba, descubrí que no solo me pasa a mí, sino que es un síntoma de ansiedad que están padeciendo muchas personas debido a la pandemia y al largo tiempo de confinamiento que nos hemos visto obligados a llevar a cabo.

¿Qué es el enojo?

El enojo, mejor identificado psicológicamente como la ira es «un estado emocional que varía en intensidad desde una leve irritación hasta una intensa furia y rabia», según Charles Spielberger, PhD, psicólogo que se especializa en el estudio de la ira.

Igual que otras emociones, su expresión es acompañada de cambios fisiológicos y biológicos; cuando nos enojamos, nuestra frecuencia cardíaca y presión arterial aumentan, así como los niveles de las hormonas energéticas, adrenalina y noradrenalina.

La ira puede ser causada tanto por eventos externos como internos. Por ejemplo, podemos enojarnos con una persona específica (como la pareja, un compañero de trabajo o el jefe) o por un evento (un atasco de tráfico, alguien que nos choca el auto o un vuelo cancelado) y, por otro lado, el enojo puede ser causado por preocupación, estrés o por estar cavilando sobre todos los problemas personales que no hemos resuelto. Los recuerdos de eventos traumáticos, dolorosos o desagradables también pueden desencadenar sentimientos de enojo.

¿Es normal sentir enojo?

Experimentar todas las emociones es normal y sano, ya que en sí mismas no son buenas ni malas, solo son un termómetro de cómo estamos afrontado las diferentes circunstancias que experimentamos en nuestra vida.

Por lo tanto, es completamente normal, e incluso saludable, sentir cierto enojo cuando algo o alguien nos agrede, insulta, molesta o altera de alguna manera nuestra vida o la de alguno de nuestros seres queridos.

Lo que no es normal es hacer del enojo o la ira nuestro mecanismo de respuesta continua a todo lo que nos sucede, en todo momento y lugar, o peor aún que se convierta en una emoción fuera de control y destructiva. Es decir, que vayas por la vida en modo “Hulk”, que con cualquier estimulo que te moleste, tengas descargas de agresividad golpeando a las personas o rompiendo muebles o cosas.

Si a últimas fechas, estas sintiendo que tu emoción más recurrente es el enojo, te entendemos. Ya que uno de los mecanismos por los que se desata esta emoción, es por sentir que no tenemos el control de lo que nos está pasando o lo que nos puede pasar.

Y considerando estos tiempos de pandemia tan diferentes y especiales, pues nunca nos habíamos visto en la necesidad de permanecer tanto tiempo encerrados, ni expuestos a tanto estrés, miedo e incertidumbre en el cual parece que no tenemos control de nada, puede que se desate en ti, este sentimiento con mayor frecuencia.

Aunado a esto, si leíste nuestro artículo donde hablamos sobre cómo superar las rupturas amorosas, recordarás que el psicólogo Mario Alanís nos explicó que cada vez que sufrimos una ruptura, cambio drástico o cualquier situación que consideramos como una pérdida, pasamos por un proceso de duelo para poder superarla, y éste tiene cinco etapas, de las cuales la segunda, es nada menos que el enojo.

¿Es bueno expresar el enojo?

La ira, es una respuesta natural y adaptativa a las amenazas; ya que la fuerza que nos da el enojo inspira comportamientos agresivos que nos hacen sentir poderosos, que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados. Por lo tanto, es necesaria una cierta cantidad de ira para nuestra supervivencia.

Sin embargo, no podemos andar por la vida atacando físicamente a todas las personas o cosas que nos irritan o molestan; porque seguiríamos viviendo en la época de las cavernas, donde solo los más fuertes sobreviven.

Además, al vivir en sociedad, existen leyes y normas sociales que ponen límite a nuestras acciones agresivas o violentas, y al hacer uso de nuestro sentido común, podemos saber cómo controlar el enojo y evitar las consecuencias que estas pueden traernos si nos dejamos llevar por la ira.

 

Cómo controlar el enojo.

Es así que las personas utilizamos una variedad de procesos (conscientes e inconscientes) para lidiar con nuestros sentimientos y controlar el enojo. Las tres respuestas principales son expresar, suprimir y calmar.

Expresar los sentimientos de enojo de manera asertiva, no agresiva, es la forma más saludable de manifestar el enojo. Para hacer esto, debemos aprender a dejar en claro cuáles son nuestros gustos, límites y necesidades y cómo satisfacerlas sin lastimar a los demás. Ser asertivo no significa ser agresivo o exigente; significa ser respetuoso contigo mismo y con los otros.

La ira se puede reprimir y luego liberar o redirigir. Esto sucede cuando reprimes tu enojo, dejas de pensar en él y te concentras en algo positivo. El objetivo es inhibir o reprimir la ira, para no golpear o agredir a los demás, y convertirla en un comportamiento más constructivo. El peligro en este tipo de respuesta es que si no se le da una expresión externa, a través del ejercicio, el deporte, la meditación o cualquier otra actividad física o método de canalización, la ira puede volverse mayor, convirtiéndose en rencor hacia el agresor o hacia adentro, hacia ti mismo. La ira dirigida hacia adentro puede causar hipertensión, presión arterial alta o depresión.

El enojo no expresado también puede crear otros problemas. Puede conducir a expresiones patológicas de ira, como un comportamiento pasivo-agresivo (buscar vengarse de las personas indirectamente, sin decirles por qué, en lugar de resolver el problema de frente) o en una personalidad agresiva y hostil. Las personas que constantemente menosprecian a los demás, critican todo y hacen comentarios cínicos, no han aprendido cómo controlar el enojo y expresarlo de manera constructiva.

Finalmente, puedes aprender a calmarte por dentro. Esto significa no solo controlar tu comportamiento externo, sino también controlar tus respuestas internas, tomar medidas para reducir la frecuencia cardíaca, calmarte y dejar que los sentimientos alterados disminuyan. Esta forma es la más difícil de aprender, pero la que mejores resultados reporta, pues en el proceso, aprendes además de meditar e introspectar, a entender que solo tu controlas lo que quieres sentir respecto a la conducta de los demás.

Y tú, ¿sabes cómo controlar el enojo? ¿Tienes alguna estrategia que nos quieras compartir?

5/5
Ale Lozada

Ale Lozada

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